domingo, 20 de noviembre de 2011

reflexión en clase


Sentado en tu sitio en la clase de filosofía, a tu izquierda ves la pizarra, tres compañeras; y al profesor. Delante de ti, ves las miradas cómplices de compañeros, que como tú, se encuentran algo perdidos. En la derecha observas a la gente mirando al profesor, con el esfuerzo de entenderle reflejado en sus caras. Cuando este formula alguna que otra pregunta, por tu mente pasan miles de contestaciones posibles. Pero ¿porqué no las formulas en alto?, hay algo en tu mente que te dice, adelante, te obligo a decirlo, pero, otra parte dice, no es la respuesta correcta, te desvías demasiado del tema, no es lo que el profesor busca de ti, y es esta última reflexión la que te hace callarte. Para un alumno de bachillerato, que necesita mucha nota para poder estudiar lo desea, se hace la pregunta una y otra vez, aunque no quiera, de, ¿Es lo que el profesor quiere?, porque si no es lo que quiere, la nota baja, tu media baja, y puede que no te dé para estudiar lo que quieres. Es imposible que esta reflexión no pase por tu cabeza, por tu mente, y es la te incapacita para dejarte expresar, ofreciendo el silencio como mejor respuesta.

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